Análisis introspectivo de Bubble (Burbuja)

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NOTA: este es el guion escrito para el vídeo de YouTube que subí haciendo el análisis introspectivo de Bubble y que puedes ver aquí.

Sé que este es un blog de videojuegos, pero hoy os traigo esta pequeña excepción. Y es que hace poco vi Burbuja, o Bubble, el nuevo anime de Netflix, y pensé que había suficiente material como para ser comentado y subirlo a YouTube.

Antes que nada, debo decir que el trailer no me convenció demasiado. A priori, me pareció otro anime más tratando de llamar la atención por sus embriagadores colores, bellos paisajes y elegante banda sonora. Así que no, no tenía muchas expectativas puestas en él. Además, la propuesta del parkour fue como si me hablaran de fútbol, por lo que el sopor se antojaba profundo. Mi única esperanza recaía en la narrativa, ya que, al fin y al cabo, ese es mi campo y es lo que más me interesa, tanto en el anime como en los videojuegos.

Lo cierto es que, narrativamente hablando, fue mejor de lo que esperaba. Sí, sé que esto sorprenderá a algunos, ya que hace semanas que tenemos la opinión establecida en las redes parasimpáticas de Internet de que esta película es un bodrio a nivel narrativo. Si bien pienso que algunas ideas podían haberse mostrado mejor, considero que el resultado final es más que satisfactorio. Veamos qué tiene Bubble de interesante por contar.

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Como es obvio, esta es mi interpretación personal de la obra y tú, querido lector, puedes pensar algo completamente distinto y no por eso ser menos válido. No hablaré de toda la parte técnica-audiovisual y demás porque ya está todo dicho y resulta más que evidente que en este sentido la película roza la excelencia. Aquí lo que nos interesa es la narrativa y los recursos que se usan para mostrarla. Tampoco hablaré del parkour, que es una actividad que me aburre sobremanera, excepto cuando este sirva para enfatizar el concepto de flujo (o flow), un término del que hablaré más adelante.

La película empieza como un ligero trailer de sí misma, como ya nos tienen acostumbrados desde Your Name, formato que resulta eficaz en ciertas ocasiones, pero del que se está empezando a abusar cada vez más de forma gratuita. En Bubble hacen un uso puntual de este recurso, lo cual se agradece, aunque pienso que es completamente innecesario y responde más a la necesidad de un clickbait prematuro levantando expectativas que no a un ingenio narrativo bien justificado.

Lo primero que oímos al empezar la película es lo que llamaremos el canto, ese conjunto de notas musicales que recorre todo el universo y que resuena por todo lo alto, ancho y profundo de la creación (y habría que añadir varias dimensiones más, pero lo dejaremos así para no asustar al personal). Es importante entender bien esto ahora, porque veremos que este canto, que en realidad es un código, es el motor que hay detrás de todo lo que ocurre en la película. En esta escena, se oye el canto y la burbuja que aparece en pantalla está enfocada.

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Más adelante, sentimos por primera vez el ruido tal y como lo experimenta Hibiki y luego aparece de nuevo la burbuja que vimos al inicio de la película. Primero está desenfocada, pero según Hibiki se concentra en el canto, vemos que la visión de la burbuja se ajusta hasta que aparece bien definida. Esto ya nos está diciendo algo muy importante, y es el hecho de que cuando él conecta con el canto, el ruido exterior desaparece y Hibiki empieza a fluir. Fluir significa, básicamente, que no tienes que pensar para actuar, sino que te mueves por una inercia instintiva que te lleva a actuar a la perfección, de forma parecida a como lo haría un animal (y por eso te pones a correr como Naruto, que es un animal). Como veremos más adelante, así es como Uta se mueve y actúa siempre. En este sentido, la elección del parkour como actividad para mostrar esta idea me parece muy acertada.

Tras esta escena, podemos pensar que Hibiki es una especie de súper-héroe arrogante que tiene habilidades superiores a los demás y todo eso. Lo cierto es que en ese momento de la película es así; pero como todo esto es una bonita metáfora de la que tan solo hemos visto la diminuta punta del iceberg, no descubrimos hasta más adelante que, en realidad, lo que ocurre es que Hibiki no está “desconectado”. Él siempre se ha protegido de la desconexión gracias a los auriculares, que le permitieron seguir vibrando a la frecuencia del canto. Hablaremos de eso después.

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Hibiki le dice a su compañero que ese salto lo hizo para lucirse y a continuación le aconseja que aprenda a tener miedo. Esto es una advertencia al espectador en el siguiente sentido: ¿acaso no es exactamente eso lo que ha hecho Hibiki? ¿No ha fardado él delante de todos y no debería él ceñirse a su propio consejo y tener un poco más de miedo? La película quiere aquí que se considere esa contradicción para después explicarnos que no es que él no se aplique esos consejos, sino que en su caso resultan innecesarios, por lo que hemos comentado antes del flow, capacidad que solo aparece cuando se ha superado el miedo.

Llegamos a la primera de las 4 capas que llamaré “capas introspectivas” de la película. Al igual que las capas de una cebolla, las buenas historias, acaben bien o mal, tengan éxito o no, contienen de forma implícita capas interpretativas, unas a un nivel evidente y superficial y otras a un nivel más profundo y hermético, que filtran sutilmente el mensaje esencial de la obra. Bubble no es una excepción y quizás aquí podamos empezar a ver el brillo de las mentes que hay detrás de esta producción. Aquí se inicia la primera capa, la he llamado:

Capa 1 – Extraterrestres burbujeantes.

Se nos explica lo que los humanos saben sobre esas burbujas y la dosis dramática sobre el destino de Tokio habitual. La historia parece sugerir que el origen de esas burbujas es extraterrestre. Vemos a Uta por primera vez, cuando todavía era burbuja. A tener en cuenta lo siguiente: de todas las burbujas que vemos, solo una parece tener vida propia, ¿verdad? Las demás o bien no la tienen o bien no contienen una conciencia propia…

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Esta es la escena en la que Hibiki se está ahogando y ve a Uta aparecer delante de él. Lo importante a destacar aquí es que Uta, siendo burbuja, se sumerge en el agua y entra en contacto con el último aliento de vida de Hibiki. Se ve claramente como el aire de Hibiki sale despedido y choca con Uta-burbuja. Al instante se inicia la meiosis y nace Uta con la forma parecida a la mujer del anuncio del tren (tuvimos suerte de que no era un elefante rosa). Hibiki la ve según ella se va formando (sus extremidades aún son burbujas), y la confunde con una sirena. Aquí la película quiere que empecemos a pensar en ella de esa forma, algo que veremos después cuando hablemos de la segunda capa introspectiva.

Uta baja, lo besa y le devuelve el oxígeno, salvándolo de la muerte. En cierto modo es como si el aire expulsado por Hibiki volviera a él. No olvidemos que Uta ha nacido de su aliento, eso es clave para entender por qué no podrá tocarlo después.

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Aquí tenemos el primero de varios momentos que parecen sacados de ilustraciones propias del manga, algo que no veíamos en una película anime desde hacía años, ya que es un recurso que cayó en desuso desde hace años y no tiene nada que ver con altos o bajos presupuestos. Ella lo toca y descubre que, al hacerlo, su cuerpo se descompone en burbujas. Esto solo le ocurre con Hibiki, ya que ella en realidad sigue siendo una burbuja (no hay que dejarse engañar por esa apariencia) y está compuesta por el aire que exhaló él, por lo que al tocarlo el aire regresa a su fuente y ella se descompone como una pastilla efervescente. Vamos, una relación destinada al fracaso.

Uta actúa como un animal, más concretamente como un gato, que es el tipo de interacción previa que hemos visto. Posiblemente tenga varios registros previos de gatos, porque no olvidemos que ella es una burbuja consciente que hasta entonces había permanecido en la zona de la torre.

A continuación, nos muestran la escena que sirve de excusa para ponerle el guante y no complicarse tanto la vida, aunque la película no saca mucho partido de este hecho y se usa únicamente para que no se le vean las burbujas de la mano. A parte, vemos cómo Makoto la toca claramente y a Uta no le pasa nada, por lo que empiezan a saltar las alarmas. Sin embargo, está bien llevado, ya que Uta también se sorprende y toca la cara de Makoto para comprobarlo. Por lo tanto, el guion sabe lo que está haciendo aquí, es solo que genera varias excepciones al mismo tiempo y es fácil perder el hilo.

Uta sigue comportándose como un gato y se queda embobada, tal y como un gato haría, al ver algo que le llama la atención: en este caso la torre de Tokio. En ese momento recita el canto de manera automática, como si hubiera establecido una conexión con ella y lo que hay en el centro de la torre. Hibiki se da cuenta de eso.

Capa 2 – El cuento de la Sirenita.

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Cuando la historia empieza a relatarse, vemos una imagen del sistema solar, recordándonos la visión del universo al inicio de la película. Ambas cosas hablan sobre la situación (o el origen) de Uta, una desde la propuesta de la película y otra desde la visión literaria de un cuento tradicional. El mensaje es, aparentemente, que ella no pertenece al mundo humano, sin embargo, cuando hablemos de lo que simboliza su personaje, entenderemos que en realidad habla de un componente microcósmico del hombre que tiene su equivalente macrocósmico en el universo. Espero no estar complicándolo demasiado con esto… Después lo reduciré a términos más simples y ya lo conectaremos mejor.

Luego aparecen las espirales, que la película ya se encargará más adelante de explicarnos que es la forma en la que se ordena el universo, desde las partículas atómicas hasta las galaxias, formando todos parte de esa gran espiral.

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Una de mis escenas favoritas de la película, por el silencio y la tranquilidad que se respiran. Aquí Hibiki le cuenta a Uta sobre su hipersensibilidad auditiva y su historia con ese asunto. Hibiki cuenta cómo los ruidos cotidianos de la ciudad eran insoportables: trenes, coches, alarmas, bocinas, gritos, etc. Es una descripción del estado de estrés y tensión que vivimos a diario sin darnos cuenta de lo nocivo que resulta. La madre le proporciona una solución temporal, unos auriculares para aislarlo del sonido exterior. En este tipo de mundo el que tiene el problema, el que está mal, el que está enfermo: es él. Así pues, la madre lo lleva a distintos médicos, donde le hacen distintas pruebas, con el fin de curar su enfermedad y que el niño pueda encajar en esta sociedad de ruidos y gritos. Pero el niño no encaja, así que finalmente es llevado a un grupo de gente que sufre del mismo problema y la madre acepta que su hijo será siempre un marginado (aunque, en realidad, su reacción sea la más natural; aunque, en realidad, sea el mudo lo que está mal). Esta escena es muy importante porque aquí es donde se nos explica el motivo de por qué Hibiki es siempre tan solitario pero, más importante aún, nos explica por qué él es capaz de oír el canto: simplemente porque no lo ha abandonado nunca, él siempre ha permanecido en esa frecuencia, nunca se adaptó al mundo exterior y conservó lo más esencial en él. Esa esencia, ese canto, conecta con lo más profundo del ser humano y del universo. Hibiki mismo dice que ese es el sonido que ha estado buscando (porque ya lo había oído anteriormente). Eso es lo que el mundo ha olvidado y es de lo que va realmente la película y lo que trata de explicarnos, sirenitas a parte.

La siguiente escena también es tremenda. Uta se pone a cantar para mostrarle a Hibiki que ella está vibrando en su misma frecuencia, que ambos pueden conectar mediante ese sonido: dos seres de origen distinto unidos por una sintonía vital que vertebra desde su raíz toda la obra de la creación. Hibiki tiene un flash del momento en que pone la mano en el cristal para conectar con la burbuja del exterior. Saltan de roca en roca sincronizados mientras vemos burbujas conectar entre ellas, símbolo de que ambos fluyen en perfecta armonía, de que su conexión es cada vez más profunda, de que algo —que no nombraremos todavía aunque resulte evidente—, se está formando entre ellos. Finalmente, Hibiki levanta el brazo para chocar las manos y el miedo aparece en ella: la unión se rompe viendo cómo una de las dos burbujas que iban a unirse se separa y explota. Aquí, prácticamente, la película ya ha dicho todo lo que tenía que decir y podría acabarse; pero somos humanos y necesitamos conflicto para que algo resulte interesante, así que sigamos con el tema.

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Uta entra en el Flow y sortea la espiral. Si nos fijamos, el flow solo se consigue cuando uno se sincroniza con el canto. El canto es la ausencia de miedo, lo cual no implica ser temerarios o negligentes, sino fluir con la naturaleza interior de cada uno fusionándose con ella sin que haya un filtro intermedio que nos divida. Es “sentir” en lugar de “pensar”, algo que hemos visto manifestado de múltiples formas, sobre todo en un sector como el del anime.

Uta grita a pleno pulmón el nombre de Hibiki y, claro, cómo va el tío a decirle que no. Nos tiramos de cabeza a la espiral si hace falta. Aquí vemos la primera colaboración simpática del líder del grupo, que siempre va refunfuñando. Está bien, porque antepone la colaboración a su orgullo y partir de aquí mejora, pero lo menciono como un apunte. Hibiki alcanza a Uta como quien no quiere la cosa y ambos se miran, determinados a triunfar. De nuevo entran en sintonía y en este estado son imparables.

Durante esta escena vemos cómo Hibiki se ruboriza al fijarse en Uta e incluso se le caen los auriculares porque ya no le volverán a hacer falta. Ya está complementado, ya no necesita vivir aislado nunca más.

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Llegamos a la última línea argumental de la película. Hasta aquí todavía nos encontramos en la segunda capa introspectiva, en la que podemos establecer un paralelismo con la historia de la Sirenita y que este último giro argumental también aprovechará a su manera. Las hermanas de la Sirenita le piden que regrese al mar.

Confirmación de la complementación. Aquí es importante el detalle de que cuando los sentimientos de Hibiki llegan a Uta, las burbujas a su alrededor, y todas en general, reaccionan también a esa confesión, llenándose con una tonalidad rosada que antes no tenían. Las burbujas vacías empiezan a llenarse. Esto nos da la pista de que Uta está conectada a esas burbujas o incluso más: que forman parte de ella y son una prolongación de su ser. Y es que, no olvidemos, que ella era la burbuja consciente, la que se movía por propia voluntad, y el resto simplemente flotaban inertes por el aire. Azules, vacías, pero que ahora parecen cobrar vida y se llenan con los sentimientos de Hibiki. Uta no es únicamente el cuerpo “físico” que tenemos delante, eso tan solo es la manifestación concreta con la que el protagonista interactúa, pero el cuerpo real de Uta es todo el conglomerado de burbujas azules que, aunque no conecten físicamente con ella, forman parte de su ser. Nos vamos acercando a la tercera capa.

Cuando Hibiki se aproxima a Uta para besarla es cuando las burbujas rojas actúan por primera vez, impidiendo la unión. Suena el mismo canto, pero se percibe más violento y ligeramente distorsionado. Algo está en disonancia y tanto Hibiki como Makoto advierten que ese tipo de burbujas son distintas. Makoto dice que es lo mismo que ocurrió hace 5 años, es decir, cuando Hibiki y Uta estuvieron a punto de juntarse por primera vez, la burbujas rojas se activaron para impedir esa unión.

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Hibiki descubre la cola de la sirena y unas burbujas del cuerpo de Uta chocan con él, lo que le permite ver un fragmento de la memoria de ella y recordar el día en el que él estaba en la torre. Uta dice que una de las sirenas subió a ver al príncipe mientras vemos cómo una de las burbujas se acerca al cristal de la torre donde está Hibiki. Él la reconoce como la que emite el canto, diciéndole “eras tú” y pone la mano en el cristal al mismo tiempo que la burbuja la toca también.

Uta se dirige a la torre y Hibiki la sigue, aunque es apartado por las burbujas rojas, que lo lanzan al agua.

A continuación, Uta usa el canto, que funciona a modo de llave para acceder al interior del núcleo de la torre. Es decir, Uta regresa a su lugar de origen, donde se encuentra a su hermana, que es quien provoca la burbujas rojas, ya que, al igual que Uta, la hermana también es un ser compuesto por esas burbujas. Entramos pues, en la tercera capa.

Capa 3 – Fuerzas en desequilibrio: El corazón humano.

Inician el rescate de Uta, llegando hasta la torre donde se ven atacados por ráfagas de burbujas rojas. Esta es posiblemente la parte donde más flaquea la película, porque teniendo un escenario tan apocalíptico y una banda sonora tan bien llevada, nos estamos encontrando a un antagonista formado por burbujitas rojas que hay que ir esquivando. El fallo aquí es la forma que ha adoptado esta metáfora, que si bien lo personifican en la sombra de un clon de Uta, sigue su misma estructura: y es que no deja de ser una representación concreta de un ser conectado a una entidad abstracta, es decir, si Uta y las burbujas azules forman parte de un mismo ser, lo mismo ocurre con su hermana y las burbujas rojas.

Cuanto mayor es el desequilibrio, mayores son las distorsiones. Esto retoma la situación que se dio al inicio de la película: por lo tanto, azules y rojas estaban en armonía originalmente, hasta que Hibiki y Uta conectaron y se inició el desequilibrio. ¿Son ellos los causantes del desastre? En realidad ellos representan el desequilibrio, lo que ocurre cuando dos fuerzas tiran en direcciones opuestas. Empezaremos a darle nombre a estas fuerzas. Una la llamaremos amor y la otra la llamaremos miedo.

El equilibrio viene determinado por la relación entre las burbujas azules y rojas, es decir, entre el amor y el miedo.

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Hibiki se sintoniza con el canto y empieza a fluir llegando a los pies del observatorio. Superada la barrera, las distorsiones cesan y Hibiki accede al interior. Ahí nos encontramos con el recuerdo petrificado del momento en el que ocurre el desencadenante de la película, que no es más que el desequilibrio entre las burbujas azules y rojas. El hecho de que exista este momento retenido en el tiempo es un recurso narrativo, no es literal, al igual que ocurre con la mitad de la historia; algo que sucede a menudo en obras alegóricas de este estilo y que suele malinterpretarse al considerarse de forma literal. La escena sirve para que Hibiki conecte consigo mismo y descubra lo que ocurrió ese día. En cuanto él intenta tocar a Uta-burbuja, la espiral de burbujas rojas aparece detrás, provocando la catástrofe. Hibiki es rescatado por las burbujas y todo el mundo toma consciencia, en ese momento, de su existencia.

Lo que ocurrió no es otra cosa que un niño, desconectado del mundo exterior debido a su hipersensibilidad auditiva (lo cual funciona a modo de filtro), conserva intacto el mundo interior que le permitió seguir escuchando el canto que el ruido del mundo ahogó. Amigos míos, eso es el amor.

La gente, atrapada en su rutina automatizada, ignora el canto. Sus vidas sufren constantemente las consecuencias de esa ignorancia generando un desequilibrio en el mundo, o en otras palabras, un desequilibrio en el ser humano, porque las burbujas no son más que la manifestación alegórica del ánimo interno de cada uno y la sociedad es un reflejo global de todo ello. Un desequilibrio que genera remolinos que alteran las leyes de la física, distorsionan la gravedad, invierten la lógica y hacen del mundo un lugar donde la razón carece de sentido. Un mundo donde el ser humano se alejó de su propia naturaleza y de la paz de vivir de las cosas sencillas y silenciosas, como el lenguaje de las flores. Una humanidad que ya no oye el canto. El amor fue asfixiado por el gris de nuestras ciudades, tras el ruido de nuestra tecnología, bajo la contaminación de nuestras industrias, por la oscuridad de nuestro corazón.

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Esto nos lleva a la cuarta y última capa que he llamado:

Capa 4 – La reconexión con nuestra esencia. El código universal: el amor.

Hibiki observa el núcleo de la distorsión donde se encuentran Uta y su “hermana”. El movimiento de las burbujas aquí es clave. Vemos cómo las azules se mezclan con las rojas mostrando lo que está ocurriendo en el campo emocional donde amor y miedo se enfrentan para ver cuál predomina sobre el otro (lo llamo emocional para no complicar el tema). Esto es, prácticamente, la teoría de los colores hecha película y quizás debería exigir derechos de autor…, pero bueno, otra vez más la industria se nos ha adelantado con una buena idea. Es culpa mía, nada que decir aquí.

Las burbujas rojas persiguen a Hibiki hasta que consiguen capturarlo y Uta tiene que tomar una decisión. Este es el acto clave de la película. Ella quiere ir a rescatarlo pero entonces recuerda que si lo toca se convertirá en pastilla efervescente, lo que significa morir. Ella teme morir (por algún motivo extraño). Solo cuando el miedo a la muerte, el miedo más fundamental, es superado, puede ella actuar con plena libertad y entregarse al amor incondicional. Esa es exactamente la decisión que ella toma: lanzarse al mar. Vemos lo importante, lo crucial que resulta ese acto en el que Uta trasciende el miedo, que hasta la música se silencia para que nos quede claro la grandeza de esa voluntad.

¿Qué ocurre entonces con las burbujas? Pues que las las azules entran por el agujero central de las rojas, llenando ese vacío en el que solo existían el dolor y el miedo. La balanza vuelve a equilibrarse de nuevo. Uta llora formando con sus lágrimas la belleza de nuestro mundo, lo que ha aprendido de él, lo que le llevó a amarlo. Y dice que aunque sabía que le costaría la vida, no tuvo miedo. La burbuja que rodea Tokio se disuelve por completo; la barrera ya no es necesaria, el ser ha sido complementado. Así llegamos a la escena final, donde Uta nos entrega el último regalo de la película. Aquí sí que espero que lo estéis viendo en japonés bien subtitulado, porque esta frase final en los doblajes en español, tanto en castellano como en latino (a pesar de que en este último la frase está mejor construida), no están a la altura del mensaje original japonés que nos quiere transmitir la película:

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“Gracias a haberte conocido… he podido ser yo.
Esto es… el corazón humano.
Un corazón que puede sentir… la pérdida.
Un corazón… capaz… de amar.”

Y, de repente, las burbujas rojas se volvieron azules y el mundo volvió a estar en paz y armonía… 

Amigos, Uta no es una persona, no es alguien de quien Hibiki se enamora. No olvidemos que ella es una burbuja, y eso funciona como un símbolo. La clave está en cómo interpretamos nosotros ese símbolo. Uta es un artificio narrativo para mostrar aspectos abstractos del corazón humano. Por eso, aunque lo parezca en la superficie, no es una película de romance juvenil y, si la vemos así, nos sabrá a poco y sentiremos que su argumento es un fracaso. Uta es un símbolo, y eso no quiere decir que ella sea invisible, o que solo esté en la cabeza de Hibiki o que los demás no puedan interactuar con ella; al contrario, todo eso forma parte del ingenio narrativo y le da vida a la trama. Uta es, simplemente, lo que Hibiki había perdido, es su capacidad de amar. Ella es una representación exterior del estado anímico de Hibiki y la película va de cómo él se relaciona con ese estado y se reencuentra consigo mismo. Ella es la que le devuelve la ilusión por la vida, ella es lo que sentimos cuando nos enamoramos y, en lugar de mariposas en el estómago, aquí son burbujas danzando en el aire. Azules y rosadas cuando sentimos ese amor, o vacías cuando la vida se ha vuelto indiferente —tal y como se sentía Hibiki al principio—, o rojas y hostiles cuando sentimos dolor, miedo y frustración. Las burbujas tan solo son el santo reflejo del corazón humano y toda la película es una maravillosa metáfora de nuestro universo interior.

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